About / Sobre mí
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Soy Carmen, Psicóloga Clínica de formación internacional y fundadora de Vividly Autistic. Pero antes de cualquier título, soy alguien a quien la curiosidad por las diferencias humanas le cambió la vida.
Mi primer encuentro con el mundo de la discapacidad fue un voluntariado en Toronto, recién titulada, en talleres de cocina, danza y arte para personas adultas. Fue la primera vez que compartí con personas visiblemente discapacitadas —usuarias de sillas de ruedas, personas autistas no hablantes, personas con parálisis cerebral y síndrome de Down— y lo que más me marcó no fueron sus diferencias, sino su independencia. Recuerdo especialmente a un joven autista no hablante cuyas conductas, en lugar de corregirse, se acomodaban con una naturalidad y una confianza casi familiar. Esa forma de acompañar, desde el respeto y no desde el juicio, me enamoró. Y me dejó una pregunta: ¿qué tenía este lugar que permitía a las personas discapacitadas vivir con tanta autonomía?
Intuí que la respuesta estaba en la infancia, así que me fui a buscarla a un summer camp del Geneva Centre for Autism. Ahí vi a jóvenes profundamente comprometidos acompañar a niñas y niños pequeños en plena comunidad —en el transporte público, en la calle, en la vida real— sin encerrarlos por sus diferencias. Hubo días difíciles, desregulaciones intensas, momentos fuertes; y aun así, jamás vi miedo ni enojo en quienes acompañaban, solo una calma que sabía "dejar pasar" y seguir sosteniendo. Esa serenidad se quedó conmigo para siempre.
Por esa misma época, mi pareja captó mi interés y me regaló los libros de John Elder Robison. Leer el autismo en primera persona me voló la cabeza: descubrir una perspectiva tan creativa y genial y, al mismo tiempo, tan desafiante y confusa, me hizo entender que ninguna teoría reemplaza la voz de quien vive la experiencia.
De vuelta en Chile seguí tirando de ese hilo. Trabajé como profesora sombra de un niño autista de cinco años, al que acompañé justo en su momento de transicion a primero basico, movida por la curiosidad de entender cómo era su experiencia en el colegio, donde pasaba la mayor parte del día. En paralelo, me desempeñé como psicóloga clínica en un centro privado de educación, trabajando con grupos de niños y niñas según sus edades y necesidades de apoyo, entre trabajo cognitivo, habilidades sociales y control de impulsos.
Cuando volví a Canadá, la pandemia lo detuvo todo… y abrió otra puerta. Sin poder trabajar ni hacer voluntariados, me sumergí en los modelos de la discapacidad y en la comunidad autista en primera persona: vi el documental Crip Camp en comunidad, participé como audiencia en foros de personas usuarias de CAA, y con todo eso bullendo en la cabeza nació Vividly Autistic. Empecé escribiendo el blog y luego pasé a videos en YouTube sobre el modelo social de la discapacidad, la historia de la comunidad autista y de los movimientos por los derechos de las personas discapacitadas, hablándole en español a la comunidad latinoamericana. Con el tiempo me adentré en lo neurofisiológico —funciones ejecutivas, diferencias sensoriales— mientras acompañaba a la comunidad neurodivergente de Latinoamérica, y comencé a dar charlas para devolver algo de todo lo que esa comunidad me enseñaba.
Hoy, con varios años de trabajo en aula —desde un programa before & after school, donde forjé lazos que conservo hasta el día de hoy, hasta mi rol actual como Intervention Support Worker en el sistema educativo— sigo movida por la misma pregunta de aquel primer voluntariado.
Todo lo que hago, en la clínica y en la divulgación, nace de una sola convicción: que acompañar a otro es un acto de reconocimiento, y que el cambio empieza cuando transitamos del juicio a la curiosidad.