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Pataleta, Descompensación y Co-Regulación: Entendiendo la Diferencia

Imagina que estás en el supermercado con tu hijo. Al pasar por el pasillo de los juguetes, tu hijo se detiene para pedirte un juguete muy caro. Le dices que no e intentas explicarle que no puedes comprarlo, a lo que el niño responde gritando que lo quiere. Decides mantenerte firme con un rotundo "no", y el niño responde llorando y lanzándose al piso.

Ahora imagina otra escena. Estás en casa cocinando, y tu hijo está en el comedor jugando con su tablet como de costumbre. De repente escuchas un ruido muy fuerte. Vas a revisar y lo encuentras balanceándose intensamente — aumentando sus comportamientos autoestimulatorios — y repitiendo la misma frase una y otra vez (ecolalia). La tablet está en el piso. Esto te resulta familiar; sabes que tu hijo se desregula cuando la tablet se apaga inesperadamente. La recoges y te das cuenta de que la pantalla está rota. Te acercas y le preguntas qué pasó, si está bien, y comienzas a explicarle lo cara que es la tablet y a sermonearlo sobre lo que debe hacer cuando se acaba la batería. El niño responde golpeándose la cabeza en el piso y comienza a gritar.

Puede que estos escenarios te resulten conocidos. ¿Eres capaz de identificar cuál es una pataleta y cuál es una descompensación? De eso trata esta entrada.

¿Qué son las pataletas?

Las pataletas están orientadas por un objetivo específico. Son una estrategia para influir en el comportamiento de otra persona — para conseguir algo que el niño desea. En este estado, el niño mantiene un cierto grado de control y está respondiendo a una necesidad que percibe como no satisfecha.
 
El primer escenario de la introducción ilustra esto claramente. El niño quería el juguete, no lo obtuvo, y utilizó el llanto y lanzarse al piso como estrategia para intentar cambiar ese resultado. No había pérdida de control, había un objetivo. 
 
Es importante señalar, sin embargo, que las pataletas pueden escalar hacia una descompensación dependiendo de cómo se manejen, y es por eso que nuestra respuesta siempre importa. 

¿Qué es una descompensación? 

El segundo escenario de la introducción ilustra esto con claridad. Debido a una explicación poco clara sobre qué hacer cuando se acaba la batería de la tablet, y una cantidad abrumadora de preguntas y correcciones simultáneas, el niño experimentó una sobrecarga cognitiva, que escaló hacia una conducta de malestar que incluyó autolesión. No había objetivo, no había estrategia, solo un sistema nervioso que había llegado a su límite. 

Una descompensación es un estado de sobrecarga neurológica provocado por diferencias en el procesamiento sensorial y cognitivo, incluyendo diferencias con las funciones ejecutivas. 

Imagina sentir sonidos que se vuelven cada vez más fuertes sin poder escapar de ellos, o ser incapaz de ver con claridad porque hay una luz intensamente brillante sobre ti. En algún momento, esa experiencia llevaría a cualquiera al límite. Debora Lipsky, portavoz autista y consultora, lo describe así: "una sobrecarga sensorial se puede presentar de forma diferente para cada individuo, pero lo común es esa sensación de pánico que se crea en la mente de la persona autista. Es una experiencia completamente aterradora para mí y para otros autistas… Los sistemas sensoriales se apagan progresivamente, la percepción se estrecha y la pérdida de la capacidad de comunicarse hasta de la forma más básica; eso es lo que experimentamos, y puede ser terrorífico." 

Las diferencias del funcionamiento ejecutivo pueden intensificar aún más esta experiencia, cuando la persona no puede comprender demasiados cambios ocurriendo a la vez, no recibe respuestas claras y comprensibles a sus preguntas, se enfrenta a demasiadas opciones, o recibe instrucciones vagas o abiertas.

Las descompensaciones también pueden ser una respuesta a lo que está ocurriendo en la vida más amplia de la persona: presión social sostenida, acoso escolar o estrés acumulado con el tiempo. A diferencia de las pataletas, una descompensación implica una pérdida genuina de control. La persona no está intentando conseguir nada. No está tomando una decisión estratégica. Está abrumada.

¿Qué puedo hacer?

Las descompensaciones son experiencias intensamente difíciles. Pueden involucrar conductas de malestar como golpearse la cabeza o morderse, gritos y llanto, y frecuentemente ocurren en espacios públicos o entornos poco seguros. Parte de mi trabajo como terapeuta involucra acompañar a los niños en entornos naturales — al parque, caminando desde la escuela a casa — y he sido testigo de cerca de lo doloroso y desconcertante que son estos momentos, tanto para el niño como para quienes están a su alrededor. Puede sentirse como si no fuera a terminar nunca. Hay mucho miedo, confusión y emoción abrumadora involucrada.
 
Pero lo más importante que puedes hacer es mantener la calma.

Si respondes con ansiedad o con emoción elevada, amplificarás lo que ya está ocurriendo. Lo que el niño necesita en ese momento es que seas una presencia estable, segura y regulada. Tu sistema nervioso regulado se convierte en el ancla que le ayuda a encontrar el camino de regreso a la calma.
 
Cuando una persona enfrenta un evento profundamente abrumador, el sistema nervioso autónomo activa una respuesta de pelear, huir o paralizarse. En este estado, el pensamiento racional no está disponible, la persona no puede procesar lo que está ocurriendo ni integrar la experiencia emocional en tiempo real. 

Los niños pequeños aún no tienen la capacidad biológica de atravesar el estrés intenso por sí solos. Desarrollan esta capacidad de forma gradual, a través de muchas experiencias repetidas de co-regulación con un adulto seguro. Están aprendiendo a encontrarle sentido al mundo y a su propio mundo emocional al mismo tiempo, y nos necesitan para acompañarlos en ese proceso.

¿Qué es la Co-Regulación?

La co-regulación es el proceso mediante el cual una persona atraviesa una experiencia abrumadora con el apoyo de una presencia calmada y segura, en un espacio seguro. Una persona segura es alguien con un ritmo cardíaco tranquilo, una mirada suave, una voz cálida y estable, y un respeto genuino por el espacio físico del niño.
 
Para convertirte en esa persona, necesitas desarrollar la capacidad de examinar tus propias respuestas en los momentos de crisis con honestidad y curiosidad. Esto significa resistir el impulso de hablar, ya que muy poco de lo que se dice durante una descompensación será procesado. Significa no restringir los movimientos del niño, y no acercarte físicamente cuando ese contacto no es bienvenido. 

Lo que sí significa es esperar. Esperar hasta que el niño esté lo suficientemente calmado para recibirte, y entonces ofrecer algo simple y genuino: "Sé que estás enojado." "Está bien sentirse así." "Aquí estoy contigo."

Una vez que el episodio ha pasado por completo, ese es el momento de retomar con gentileza lo que ocurrió explorando los sentimientos involucrados, identificando qué desencadenó la crisis, y trabajando juntos en estrategias alternativas para la próxima vez.

En la siguiente entrada explicaré paso a paso cómo acompañar una descompensación y conductas de malestar.

Quédate en casa. Mantente a salvo
. Si tienes cualquier duda házmelo saber en los comentarios.

Si quieres saber mas de co regulacion y trauma te recomiendo revisar este blog: Age Of Awareness



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